Libro Los Pecados de la Baronesa,  de la Editorial Mablaz, ganador del 4º premio  en el V concurso de Narrativa Internacional  de la editorial Mablaz, 2018.
Pueden adquirirlo en : http://librosmablaz.com/index.php?page=catalog&pw=1&bq

 

Os presento mi nuevo trabajo. Una magnífica Antologia junto a mis compañeros Poetas, de diferentes países. Una porta preciosa a cargo de la brillante Mari Carmen Lopez bajo la Editorial Mablaz.

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Muy agradecida, a Acte Tenerife y casa-museo los sabandeños por la organización de la presentación de mi libro “Los Pecados de la Baronesa” a Luisa Chico por ser una brillante anfitriona, a Héctor José Rodríguez Riverol por ser el prologuista y a todos los asistentes sobretodo. Un placer.

 

Agradecimientos al Ayuntamiento de San Andrés y Sauces por facilitar este precioso encuentro con el fabuloso Noé Perez Regalado con su acordeón, Juan Calero, Héctor José Rodriguez Riverol, Belén Lorenzo y yo, rodeados de la hermosa poesía y voz de la inigualable María Inés Lacometti desde Argentina.

 

Un maravilloso dia en la presentación del libro de mi gran amigo Héctor José Rodriguez Riverol. Un libro fascinante que no debe faltar “Durante el pretricor” con la maravillosa presencia de personas como Lucía Rosa González, Juan Calero y Belén Lorenzo junto a los cuales hicimos nuestros por un momento, algunos de los poemas tan bonitos de Héctor. Todo un día especial cerrado con el broche de oro desde Argentina, de la magnífica María Inés Lacometti, la cual además de mostrarnos su poemario sorprendente ” Desde mi alma al papel” nos deleitó con su brillante voz poniendo a los presentes el bello de punta. Gracias por éste inigualable encuentro.

 

 

Siento

Sentada aquí sentí,
hasta que la luna ya no inspire a los poetas…
Hasta que la última hoja del árbol de la vida se caiga…
Hasta que la piel se agriete,
por el paso de los años
o el cuerpo ya sin vida se descomponga
por la acción de los gusanos…
Hasta que el brillo de mis ojos sean café, desaparezca,
hasta que pierda las ganas de escribir.
Hasta que que mi corazón bombeé la última gota de sangre.
Hasta que mi nariz exhale su último suspiro,
hasta que mis huesos se desmoronen
y toda mi humanidad se convierta en polvo.
Entonces, sólo hasta entonces, vida mía,
dejaré de sentir este amor por ti en carne,
luego quedará mi alma
para guardarlo por la eternidad…

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Entonces

Nos volvimos a encontrar,
dulce guerrera
de sonrisa infinita y rostro soñador.
Era todo antes,
o al menos aparentaba serlo.
Una sábana de inocencia,
blanca y ligera como un solitario lirio de invierno.
Las inmortales algazaras…
Las genuinas expresiones de fascinación…
Los apresurados pasitos, todos de puntillas.
Los sublimes brincos, los infinitos juegos de dedos entrelazados.
Tonterías, instantes espontáneos.
¿Por qué, en un día, me paro?
Me detengo a contemplar angustiosamente
las hojas de un álbum llamado “pasado”
“Momentos, los de entonces, ya no son los mismos”
Ya no, o quizás, nunca lo fueron…
Permanecer hipnotizada, oyendo nuevas voces,
aquellas que acarician la mano de lo desconocido.
Sumergirme en miradas hechizantes, curiosas,
redescubrir en ellas un pensar trémulo,
que antes se había cubierto de una pintura de penumbras y ahora abre horizontes.
Revelar la excelsa y a la vez tenebrosa sonrisa,
y percatarme, al fin, de los cambios, libera.
Los fantasmas son ahora fuerzas de la timidez,
tornándose gélidos mientras silban en mis oídos,
simples pasajeros de historias.
La saliva ya húmeda no es.
Los mordisqueados dedos son ahora polvo de huesos.
Mis manos se manchan, ya no solo de tinta, sino de ímpetu.
Y el beso anhelado, delicado enemigo letal del nuevo viaje queda en laberinto.
Más no puedo, ni si quiera devolver la esencia de fósforo
y canela a una existencia que temo,
volveríase cruda.
Cómo secar lágrimas ya secas.
Como extender la comisura de unos melancólicos labios,
cómo dejar que la fresca lluvia limpie unas mejillas
de un ser aventurero portadora de demonios
por donde yace el tiempo.
Dejé de pensar en la soledad como una entrañable amiga.
Mi serena camarada roja,
déjame percibir los suaves sollozos,
ver los descalzos pies a través de ese fino velo de algidez,
posar las mariposas de mis manos en mi pecho para llevarmelo todo.
Déjame soñar, soñar nuevamente.
Déjame soñar con el pasado,
y con el pasado que se viene.
Y emana lágrimas. Lágrimas sinceras,
de desconsuelo, interminables.
Deja que ellas relaten otras historias.
Es entonces un nuevo capítulo.

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