Mis publicaciones en la revista Minatura Nº 131

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LA MUÑECA.

Dejó sus juegos para ser el
juguete y así en muñeca se
convirtió.
A la merced del más fuerte y
perdiendo su voz.
Cuan valentía en la ley del más fuerte
siempre presente.
Sus manos arrancaron la piel y sus actos
la vida, la muñeca ahí quedó rota y sucia
por su hastío.
Cuando todos la olvidaron ella asomó a
la luz.
El peso de la culpa arrastraba su cuerpo,
en su pensamiento se instaló el recuerdo
eterno…
Gritos en silencio quedaron para
soportar el regreso al mundo que un día le
hizo despertar de la más tierna inocencia.

Un mundo lleno de por qué que jamás
encontrará respuesta, lleno de dureza y
vacío que sólo ella entiende.
Respira el aire helado de los días,
naufraga entre la gente como alma
vagabunda, soporta hundirse lentamente
mientras aparenta fortaleza y temple
cuando teme lo que siente.
Porque se ha dado cuenta que han
pasado los años y las huellas aún
despiertan sus descansos y pesares. Lucha
consigo misma porque lo ve diferente, es
más grande y más fuerte pero a veces no
tan valiente.
Lo que pudo ser y no fue atormenta a
veces sus sueños, probar lo no conocido
atemoriza con agonía,
Confusión en su caos y no sabe sacar su
dolor…
Quisiera borrar tanto, que no encuentra
consuelo, se baña de ganas y lucha por la
vida a pesar de encontrarse perdida pone
su mejor sonrisa. La muñeca quiere
cobrar de nuevo vida y gritar al despertar
del mañana. ¿Quién quiere ser una
muñeca rota?…

NADA

Me pregunto si vale la pena,
matar tus sueños de esa forma,
causar dolor a todas las
personas que conocías, huir de
esta vida llena de sufrimiento, matar de
una vez todo tu dolor. ¿En verdad vale la
pena? Dicen que suicidarse es fácil, el
divino “camino fácil”. Lo primero y más
importante es buscar el porqué de tu
muerte intencionada, que, a veces, cuesta
porque te quedas pensando en otras cosas
y te olvidas de tu plan suicida, eso
pensaba…
Luego, pensar cómo morir…y llevarlo a
cabo…Dijiste que todo era cruel cobarde
te llamabas. ¿Pero te liberaste de ese
dolor? En el piso estabas sin poder hablar
con tu pena consumida. Tus ojos lloraban,

la impotencia sientes, y el no poder hacer
nada en el presente…
Tomaste aliento, dijiste adiós. Y con un
soplo divino ya no estás conmigo. Y
mirarme a mi, tan sola y triste aquí. Yo
soy la que no puede hacer nada porque
hay distancia. El viento sopla enfurecido
llevando los lamentos, las lágrimas
escondidas de tus heridas. Nosotros
desbastados, sufriendo por dentro pero no
solo el dolor nuestro. Singular Pena,
frenesí inusitada bala inesperada y muerte
impregnada. Yo te recordaré siempre, que
sirva de precedente, que los fantasmas no
desfallecen con esa salida, de una guarida
inhóspita y fría que no es más que la
nada.

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