Los cuervos me visitan

Aquella noche creí estar en otro mundo, y así era.
La oscuridad llegaba fría y tenebrosa, espesa.
El graznido de los cuervos rompía el silencio.
Reían de mi soledad mal diciendo la suerte.
Sus ojos reflejan el infierno, los susurros,
alfileres penetrantes, desgarran mis oídos.
Rompen los hastíos de mi calma, atormentan mi conciencia.
Se burlan de la desdicha, acarician mis tormentos
para deleitarse en su visita.
Imitan fantasmas pretéritos, como castigo celebran mi infortunio.
Hice un amago, intenté esquivarles, fallé.
Negros, me acechaban en sus rondas.
El pecho escapa en llanto, los quejidos penetran mi alma.
Quiero volver, regresar a la tierra donde nunca,
nunca jamás me visitase,
en aquelarre graznido, el fúnebre espectro de los cuervos.

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